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XXXIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) / XXXIII Congreso de la Sociedad Castellanoleonesa-Cántabra de Medicina Interna (SOCALMI)
Burgos, 21-23 Noviembre 2018
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Comunicación
42. Enfermedades infecciosas
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I-194 - EL USO DE LA PIPERACILINA-TAZOBACTAM COMO ANTIBIÓTICO DE INICIO EN PACIENTES INGRESADOS EN MEDICINA INTERNA

F. Alonso Ecenarro1, P. Herrero Rodríguez1, C. Nardini1, Ò. Lorente Furió1, M. Gómez Martí1, A. Broch Petit1, S. Carrascosa García1 y V. Abril López Medrano2

1Medicina Interna, 2Enfermedades Infecciosas. Consorcio Hospital General Universitario de Valencia. Valencia.

Objetivos: Analizar el uso de la piperacilina-tazobactam como antibiótico de inicio en los pacientes ingresados en Medicina Interna, así como su adecuación según las indicaciones de su ficha técnica y las guías clínicas respecto a dicho antibiótico.

Material y métodos: Se realizó un estudio observacional en el que se recogieron todos los pacientes ingresados en Medicina Interna desde mayo a octubre de 2017 con prescripción electrónica de piperacilina-tazobactam como antibiótico de inicio. Posteriormente se analizaron las características clínicas de estos pacientes, así como la adecuación de la prescripción según la ficha técnica y guías clínicas de dicho antibiótico.

Resultados: En este período ingresaron 81 pacientes con piperacilina-tazobactam como antibioterapia de inicio. De éstos 54,3% fueron varones y 45,7% mujeres. La mediana de la edad fue de 82 años. Según el índice de McCabe-Jackson, un 32,1% presentaban enfermedad no fatal, un 58% enfermedad tardíamente fatal y un 9,9% enfermedad rápidamente fatal. La adquisición de los procesos infecciosos fue nosocomial en un 19,8%, asociada a cuidados sanitarios en un 40,7% y el resto (39,5%) de adquisición comunitaria. El diagnóstico de sepsis se reflejó como indicador de gravedad en un 45,7% de los pacientes. El foco infeccioso fue identificado al inicio en un 95,1% de los pacientes. De estos, un 37% fueron diagnosticados de infección del tracto urinario inferior, un 30,9% de neumonía, un 13,6% infección respiratoria no neumonía, un 7,4% infección de piel y partes blandas, un 2,5% de foco abdominal y un 2,5% de infección del tracto urinario superior. En un 4,9% no se identificó el foco al ingreso. En los pacientes con infección de adquisición comunitaria, se reflejó la gravedad con el diagnóstico de sepsis en un 40,6%. En el 59,4% de los restantes, el foco infeccioso diagnosticado en un 31,6% fue neumonía, en un 26,3% fue infección del tracto urinario inferior, en un 21,1% fue infección respiratoria no neumonía, en un 5,3% fue infección de foco abdominal y en un 15,8% el foco era desconocido.

Discusión: Según la ficha técnica de la piperacilina-tazobactam, el uso de este antibiótico está indicado en cinco supuestos: Neumonía grave incluyendo neumonía hospitalaria y asociada a ventilación mecánica; infecciones complicadas del tracto urinario (incluyendo pielonefritis); infecciones intraabdominales complicadas; infecciones complicadas de la piel y los tejidos blandos (incluidas las infecciones del pie diabético); bacteriemia que cursa en asociación o en la que se sospecha que está asociada a alguna de las infecciones descritas anteriormente. Las guías clínicas recomiendan el uso empírico de este antibiótico en infecciones asociadas a la asistencia sanitaria de diversa localización o cuando se sospeche infección por Pseudomonas spp. Teniendo en cuenta nuestra muestra, consideramos adecuado el uso de la piperacilina-tazobactam de inicio en un 60,5% de nuestros pacientes. Del 39,5% restante, podría estar justificada en el 40,6% dado que el médico prescriptor identifica la gravedad con el diagnóstico de sepsis. Por tanto, en un 23,2% del total de los pacientes, la piperacilina-tazobactam no estaba justificada como tratamiento de inicio.

Conclusiones: El uso de piperacilina/tazobactam se recomienda habitualmente para enfermos infecciones asociadas a los cuidados sanitarios o con riesgo de Pseudomonas. Su uso correcto es importante por motivos ecológicos para prevenir el desarrollo de resistencias. Pese a ello, en nuestra muestra, no fue apropiado su uso en un 23,2% de los pacientes, por lo que se plantea la necesidad de una mayor formación respecto al correcto uso de antibioterapia en el personal sanitario.

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